El apellido de Diomedes iba a ser Cataño, pero por esta razón terminó siendo Díaz

Suena un poco extraño decir Diomedes Cataño ‘El Cacique de la Junta’. Por cosas del destino, terminó siendo Díaz. Esta es la historia.

La historia de Rafael María Díaz, padre de Diomedes

Papá Rafa era hijo extramatrimonial de un señor villanuevero conocido con el nombre de Rafael Cataño. En la adolescencia se sentía avergonzado por su condición de bastardo —así se les denominaba en aquella época a los críos engendrados por fuera del hogar—. Un día decidió tramitar su propio reconocimiento.

Había oído decir que en una notaría del municipio de San Juan del Cesar se encontraba un escribano invitando a comparecer en su despacho a todos los hijos ilegítimos de Rafael Cataño que quisieran ser registrados oficialmente. Así que sin darle vueltas al asunto cubrió a pie la distancia entre Carrizal y San Juan, que era más o menos de veinte kilómetros.

Al llegar notó horrorizado que la ceremonia iba a ser colectiva: los muchos chicos que habían atendido la convocatoria del escribano estaban formados en una hilera extensa. Papá Rafa se acomodó en el puesto número ocho de la fila. Estaba asustado. Y se asustó aún más cuando el notario les informó cuál era el requisito que debían cumplir para ser admitidos como hijos de Rafael Cataño: llevar un lunar detrás de alguna de las orejas o una mancha marrón en las nalgas. Papá Rafa cayó en la cuenta de que no tenía ninguna de las dos señales.

Además se sintió dominado de repente por la impresión pavorosa de ser el único miembro del lote de hermanos que no se parecía físicamente a los otros. Ellos eran idénticos entre sí mientras él, justo él, poseía facciones distintas. La idea de ser el muchacho diferente, el raro, le resultó insoportable. Entonces huyó a las carreras. Ese día renunció para siempre a la estirpe de su padre. Y resolvió seguir portando el apellido Díaz con el cual lo bautizó su madre, doña Avelina.

Tomado de la crónica ‘La Eterna Parranda de Diomedes’

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